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América Latina vuelve a estar en el foco de la política exterior brasileña

Todo indica que se romperá con años de desinterés brasileño hacia América Latina, reflejado en el vaciado de los mecanismos de cooperación regional que inició el expresidente Temer y llegó a su máxima expresión en el mandato de Bolsonaro.

 

 

Marianela Mayer/Télam

América Latina vuelve a estar en el foco de la política exterior brasileña, luego de que el flamante presidente Luiz Inácio Lula da Silva hiciera de la integración regional una de
las prioridades de su Gobierno, un giro radical tras años de aislamiento del gigante sudamericano, que se da en medio de un contexto global convulso.

De todas las ausencias de Brasil, el abandono de América Latina y el Caribe fue el que quizás nos causó mayores perjuicios. El regreso de Brasil a su propia región significará
el compromiso y el diálogo con todas las fuerzas políticas, dijo el canciller brasileño, Mauro Vieira, en su investidura.

Nuestra ideología en la región será la ideología de la integración, sentenció. Esta visión rompe con años de desinterés brasileño hacia América Latina, reflejado en el vaciado de los mecanismos de integración y cooperación regional que inició el expresidente Michel Temer (2016-2018) y llegó a su máxima expresión en el mandato de Jair Bolsonaro (2018-2022),
quien despreció el multilateralismo y priorizó las alianzas ideológicas, en especial con el Estados Unidos de Donald Trump.

EN DETALLE

Bolsonaro consolidó la salida de Brasil de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), dejó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), asumió un
rol secundario en el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur) -creado en 2019 para sustituir a la Unasur-, y potenció la crisis del Mercosur, que veía como una plataforma limitada a firmar acuerdos comerciales según la conveniencia de cada miembro.

Esta política llevó a la situación actual de menor expresión del regionalismo latinoamericano, afirmó a Télam la politóloga brasileña Talita São Thiago Tanscheit, para quien la vuelta al poder de Lula y el liderazgo histórico de Brasil en la estrategia integración regional podrían brindar a América Latina una nueva voz común.

Lula tiene a América Latina como prioridad en su política exterior. Toda la política exterior brasileña piensa en la integración y cooperación latinoamericana como un
proyecto político clave, expresó la investigadora.

PRIORIDADES

Según explicó, se trata de una cuestión pragmática, porque el mandatario sabe que sin América Latina, Brasil tiene mucha menos fuerza en términos de inserción internacional, pero también ideológica, dado que su formación, el Partido de los Trabajadores (PT),
históricamente miró a la región de forma prioritaria.

La estrategia de integración latinoamericana, precisó, será impulsada por dos patas: la propia Cancillería, en la que se anunció la vuelta de la Secretaría para América Latina y el
Caribe -suprimida por Bolsonaro- y el asesor jefe de la Presidencia, Celso Amorim, quien fue el principal consejero internacional de Lula en la campaña y ministro de Relaciones Exteriores en sus dos gobiernos previos.

Los primeros gestos de esta política exterior se manifestaron esta misma semana, con la reincorporación de Brasil a la Celac, previo a la cumbre del 24 de enero en Buenos Aires, así como al Pacto Mundial para la Migración de la ONU, mecanismos abandonados por Bolsonaro.

ESTANCAMIENTO

Pese a la expectativa que generan estos anuncios, algunos analistas dudan sobre la capacidad que tendrá el país de relanzar una integración que lleva décadas estancada en el
contexto regional actual.

Me parece música celestial que exista la voluntad política. Está muy bien que se impulse, pero creo que los avances reales que se pueden crear en una situación de crisis como
la que vive América Latina son bastante limitados, dijo a Télam la chilena Marta Lagos, directora de la consultora Latinobarómetro.

Creo que Lula va a gastar el 99,9% de su tiempo en Brasil y con suerte le quedará el 1% para el resto de la región, agregó.

Esta dificultad también fue reconocida por Ariel Goldstein, investigador del Conicet especializado en Brasil, quien, sin embargo, destacó una sintonía muy importante entre los
gobiernos regionales que probablemente ni siquiera se ha dado en los primeros años del siglo XXI.

Muchos gobiernos están atravesando una etapa de conflictos internos en la economía y la política, pero la vuelta de Brasil con una política exterior más pro-latinoamericana es una pieza que completa un rompecabezas de gobiernos progresistas y eso probablemente tenga un efecto importante, sobre todo en los organismos regionales, indicó a Télam.

No obstante, precisó que esta coordinación regional podría verse alterada en octubre de 2023, cuando Argentina -país que tradicionalmente impulsó la integración latinoamericana junto a Brasil- celebre elecciones y defina su rumbo político.

EL CASO VENEZUELA

Me parece que el liderazgo de Lula va un poco más encaminado a la instalación de una agenda democrática para América del Sur, para tratar de empujar a Venezuela
hacia la democracia y mayores grados de libertad, dijo, por su parte, Lagos.

En materia económica, Brasil buscará encontrar mecanismos comunes para el fortalecimiento del Mercosur, que atraviesa fuertes divisiones internas, principalmente
por la voluntad de Uruguay de impulsar acuerdos bilaterales con China.

Creo que con Argentina y Brasil en la misma perspectiva, más allá de las tensiones puntuales que puede haber, es probable que el bloque en su conjunto pueda encontrar una
mayor coordinación en el futuro, apuntó Goldstein.

Para São Thiago Tanscheit, la política económica de Lula tiene objetivos claros de producir justicia social, por lo que el regionalismo estará vinculado a la superación de la crisis
humanitaria, con inversión en infraestructuras, pero también con acuerdos comerciales benéficos para la región.

No es que América Latina está en crisis, el siglo XXI es un siglo de crisis, explicó y concluyó: En la región hay tres crisis fundamentales que van a definir su rol en el mundo: la venezolana, la migratoria y la climática. Fortalecer el Mercosur, la Unasur y la Celac es el gran desafío que tenemos para enfrentarlas y producir justicia social.

 

Colombia, en un rol clave

Una de las prioridades principales del Gobierno de Lula será relanzar la Unasur, una tarea para la cual São Thiago Tanscheit cree que habrá un esfuerzo muy grande porque
América Latina es el proyecto ideal, pero América del Sur es el proyecto posible.

En ese sentido, destacó el rol clave que tendrá el gobierno colombiano de Petro, alineado a los intereses brasileños.

En la ola rosa de principios de siglo, Colombia no miraba a la región y tenía sus acuerdos con la Alianza del Pacífico y América del Norte, pero ahora está Petro. No es cualquier
persona, visitó a Lula en la cárcel, y con su tipo de discurso y el peso regional de su país, creo que va a ayudar mucho, argumentó.

A su juicio, esta situación no sólo podría compensar el rol condicionado al que se expone Argentina, sino también facilitar el diálogo para recuperar la estabilidad política y
democrática en Venezuela, ya que ambos países comparten una estrategia similar al respecto.

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