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Con aquel número que nos dejó mamá

Seis años y casi dos meses pasaron de aquel doloroso día en el que María Tamburlini, la jugadora número 5 y colaboradora del club, murió. Tenía apenas 31 años. Aquel julio de 2016 fue trágico para los cercanos a Parque Sur. La noche del 30 marcó el peor desenlace, de esos que no dan revancha. Una bacteria (meningoencefalitis herpética) se instaló en su cerebro y le provocó una muerte cerebral. La peleó dos semanas, como tantas veces hizo en cancha, hasta que un paro cardiorespiratorio se la llevó. María laburaba en el Giacomotti -el consultorio de Obstetricia de ese lugar lleva su nombre- y en el Hospital de nuestra ciudad.

Tuvo dos hijas con Riki Jones, todavía colaborador en el grupo de dirigentes de la Liga Argentina; Maia, con apenas 1 año y Emma, con 4, en aquella noche de julio de 2016. Hoy, con 7 y 10 respectivamente, caminan al club cada día como lo hicieron de la mano de su mamá desde que nacieron. Quedó el sentido de pertenencia. Maia, en Mosquitos y Emma, en Mini -donde la dirige su tía Lili-, entran al vestuario antes de cada juego a buscar la 5. Para las dos, es más que un número. Es más que un color. Es más que una camiseta. Y así lo será eternamente. Es viajar en el tiempo, a ese número que usó siempre mamá. Para Maia y Emma, ponerse la 5 de Parque Sur es encontrarla a María antes de cada partido. Es volver a sentir ese abrazo que la vida les arrancó de muy pequeñas. Saben hoy, que cerrando los ojos un instante, la encontrarán siempre poniéndoles la número 5 en el vestuario.

“Que las nenas sientan eso es algo que me llena de orgullo y emoción. Es un homenaje a su mamá, que aún siento que desde otro lugar me da las fuerzas para seguir adelante contra todos los pronósticos. Su papá Julio y mis viejos son una pieza fundamental para continuar. Es difícil estar en mis zapatillas pero en estas cosas encontré que ella me seguía ayudando para hacerlo posible”, confiesa Riki Jones, su compañero de vida.

Riki la recuerda así, entre emociones: “Siempre con los colores sureños, el club era su primera casa. Jugó siempre ahí, desde chica como nuestras hijas. Ayudaba en la cantina; me acuerdo que disfrutamos mucho los ascensos de Parque Sur en la Liga Provincial y luego al TNA. Las gurisas fueron al club con ella desde que nacieron hasta que se fue, siento que les trasladó ese sentido de pertenencia”, dice Riki.

Florencia Tamburlini, dirigente del básquet femenino sureño, la recuerda así: “Es mi prima pero como no tengo hermanas mujeres la adopté como tal. Nos criamos juntas, compartimos un montón de cosas en el club, teníamos el mismo grupo de amigas. Gracias al club compartimos muchísimas cosas”, dice Flor.

Lili, su hermana y todavía luciendo la 5 sureña como capitana en el Pre Federal, nos contó: “Le gustaba usar la 5, era muy fanática del número; yo lo usaba de antes pero se lo cedí cuando coincidimos en un mismo equipo por eso. No jugamos mucho juntas, pero sí en algún torneo, creo que fue la Liga Provincial del 2010 cuando yo volví a Parque. Me acuerdo que todo lo que elegía era azul, por el club. El vestido de la recepción fue de ese color por Parque Sur. Jugaba de 4, era rústica”, expresa la histórica jugadora sureña.

La placa en el cementario donde María Tamburlini descansa reza: “Fuiste una gran hija, amiga, compañera, laburante y madre. Pero sobre todo fuiste una mejor persona”. Dejó el 5 como un legado. Ese que Maia y Emma lucen felices en cada jornada de minibásquet femenino para seguir encontrando las sonrisas de mamá.

(Por Marcelo Sgalia).

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