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El Brexit plantea desafíos para la cuestión Malvinas

En el siguiente ensayo un especialista en Derecho Internacional aboga por la conveniencia de que la Argentina desarrolle una estrategia diplomática más intensa en torno a la cuestión Malvinas, para capitalizar la brecha que quedó constituida con la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

 

 

Miguel Ángel Martínez (*)

Especial para EL DIARIO

Lejos de pretender analizar en profundidad las razones que llevaron a que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte dejaran de ser Estado Miembro de la trabajosamente constituida Unión Europea, para pasar a tener en la actualidad la consideración de Tercer Estado, resulta útil reflexionar sobre las consecuencias generales y particulares que, respecto a los intereses argentinos, tal decisión trae aparejada.

El proceso de salida del Reino Unido de la Unión Europea, conforme los términos del artículo 50º del Tratado de la Unión Europea, conocido como Brexit, acrónimo de dos palabras en inglés -Britain (Gran Bretaña) y exit (salida)- se concretó el 31 de enero de 2020. A partir de ese momento, el Reino Unido dejó de disfrutar de los derechos y obligaciones que tenía como Estado Miembro de la Unión Europea.

Entre los derechos que pierde Gran Bretaña al dejar de ser miembro de la Unión Europea, reviste particular interés para nuestro país, aquel que le permitía beneficiarse con la normativa de la Unión Europea dictada en relación a los Territorios de Ultramar. En el caso del Reino Unido estos comprenden por una parte una extensa área del Atlántico Sur, sobre la cual la República Argentina tiene justificados y reconocidos derechos, en tanto que la otra es la referida a Gibraltar, la costa sur de España.

La salida de la Unión Europea del Reino Unido puede fortalecer la posición de Argentina ante Las Malvinas.

Los Territorios de Ultramar dentro de la legislación europea son abordados en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea, de 1957, que estableció en la Parte IV (arts. 131 y subsiguientes), el propósito de la asociación entre la UE y los Territorios de Ultramar, que es “promocionar el desarrollo económico y social de los países y territorios y establecer relaciones económicas cercanas”. En el mismo sentido, la Unión Europea fue dictando y modificando una sucesión de tratados cuyas disposiciones fueron de aplicación para las Islas Malvinas a partir de 1973, al producirse el ingreso del Reino Unido a la Unión Europea y formar parte del bloque continental.

Como consecuencia de ello se vieron beneficiados los Territorios de Ultramar bajo la dependencia británica, lo que trajo aparejado que, a fines de la década del ‘80, los vínculos comerciales entre Malvinas y Europa se incrementaran en forma notable.

Cabe reiterar que, si bien todas estas disposiciones del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea fueron de aplicación para las Islas Malvinas desde el ingreso mismo del Reino Unido al bloque, debió transcurrir más de una década para que los vínculos comerciales entre Malvinas y la Europa no británica, comenzaran a incrementarse notablemente. Esa alianza generó un evidente saldo comercial favorable a la economía malvinense, debido a los privilegios y beneficios otorgados a sus productos por las disposiciones del Tratado y las sucesivas disposiciones de orden legal, que escasamente gravaban y hasta reconocían precios preferenciales, entre otras, a la actividad pesquera. Cabe aclarar que hasta entonces la pesca era un recurso escasamente explotado. En la actualidad, en cambio, tiene tal desarrollo que justificó la creación de una flota propia, que suma ingresos a la economía de las Islas, al igual que la tradicional exportación de lanas, actividades agropecuarias y exportación de carne ovina, también beneficiadas.

Sin duda que, como consecuencia del Brexit, los isleños ya no pueden comerciar en los mismos términos que antes lo hacían con Europa y el resto del mundo, y lógicamente su economía se ve profundamente afectada por la pérdida de los ingresos que obtenían por el hecho de ser considerado su territorio parte de la Unión Europea.

Aquí cabe agregar que Malvinas tiene un acceso insignificante a otros mercados distintos al europeo; en particular y especialmente al sudamericano. Ello se debe a razones estrictamente políticas surgidas como consecuencia del diferendo de Gran Bretaña con Argentina. Como se sabe, nuestro país, haciendo valer la comunidad de intereses con la hermandad latinoamericana, supo por un lado comprometer al resto de países sudamericanos con los derechos que Argentina esgrime y por el otro, poner en cuestión la recalcitrante actitud del Reino Unido de no sentarse a negociar con nuestro país la cuestión Malvinas, pese a las recomendaciones que Naciones Unidas dictara el respecto, lo cual no fue bien visto por la comunidad hispanoamericana y el resto de los países.

Sin ninguna duda que la decisión de Gran Bretaña de salirse de la Unión Europea simbolizada por el retiro de la bandera del Reino Unido de las instalaciones del Parlamente Europeo -el día 31 de enero de 2020- produjo consecuencias de toda índole, que se agravan tratándose de los llamados Territorios de Ultramar, sobre los cuales el bloque europeo anunció que dejará de reconocerlos como integrantes. De esa manera, los Territorios de Ultramar pierden los ingentes beneficios económicos que tenían hasta ese momento y que han llevado a que la renta per cápita de los pobladores de nuestras Malvinas sea mayor que la de los habitantes de Gran Bretaña. Conviene agregar que, además, pierden las cuotas de acceso, rebajas arancelarias y los recursos que la Unión Europea generosamente proveía para desarrollar la economía isleña, especialmente la pesquera, actividad principal de las Islas, tanto que equivale al 60% del PBI local.

Por otra parte, debe tenerse en cuenta que la posición oficial de la Casa Rosada es la de considerar que el Gobierno de las Islas ejerce la explotación ilegal de los recursos, por lo que eventualmente podría emprender “acciones legales” contra “las actividades no autorizadas” de “explotación de recursos naturales”, lo que es suficiente para desalentar las actividades comerciales de terceros países con las Islas. Más aún cuando el ex canciller Felipe Solá -en representación del Gobierno argentino y en su carácter de presidente protémpore del Mercosur- solicitó que en las negociaciones de la UE con el Reino Unido -ocurridas después del Brexit- se considere a las Malvinas como zona en litigio y no como Territorio de Ultramar del Reino Unido. Una respuesta satisfactoria en este sentido, si bien no implica un reconocimiento a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y su archipiélago, podría generar las condiciones para un cambio de posicionamiento europeo respecto del reclamo argentino con la consecuencia de un mayor aislamiento de Gran Bretaña.

El mundo nunca ha sido un terreno fácil y en tren de imponerse sobre otros competidores, es un hecho probado históricamente, que Gran Bretaña no vaciló en recurrir a la conquista para asegurar su predominio sobre otros países. En ese razonamiento debe entenderse la conquista de las Islas Malvinas en el año 1833 por parte de la Gran Bretaña y su recalcitrante actitud en la actualidad.

Habiendo transcurrido 190 años de ese hecho, puede decirse sin temor a equivocarse, que las razones de Gran Bretaña para decidir el apoderamiento de nuestras Islas, forma parte de una estrategia propia de su vocación imperialista que impide devolverlas a sus legítimos propietarios: los argentinos.

En aquellos años de principios del siglo XIX, Inglaterra como potencia industrial debía, por un lado, garantizarse la provisión de materias primas que obtendría de las débiles colonias americanas y que asegurarían que la producción inglesa aumentara su ritmo. Por el otro, buscaba tener despejadas las rutas marítimas de potenciales enemigos, instalando bases en puntos estratégicos del mundo.

El reclamo por la soberanía de Malvinas es una de las banderas que el pueblo argentino no quiere arriar.

En la actualidad, el mapa geopolítico no deja lugar a los ingleses a tener otra actitud diferente a la que esgrimiera en 1833. Inglaterra no negociará y por ende no abandonará las Islas Malvinas por propia voluntad. Quebrar esa obstinación debe ser nuestro objetivo.

Así las cosas, podemos permitirnos un cauto optimismo en la cuestión Malvinas confiando en la justicia de nuestro reclamo, e insistir en la vía pacífica del mismo como única solución que la comunidad internacional reconoce.

La cuestión Malvinas no debe tratarse desde la perspectiva de que el cúmulo de pruebas a nuestro favor provocará por sí sola una reacción de la Gran Bretaña favorable a nuestros intereses. No debemos pecar de inocentes. Nada de eso ocurrirá, pues están en juego otros intereses que son los propios de las potencias mundiales y en esa dinámica Gran Bretaña puede dictar cátedra.

En consecuencia, debemos incorporar a las razones históricas y de derecho internacional otras estrategias, entre ellas, insistir con el fortalecimiento de la unidad sudamericana para acompañar nuestros reclamos de manera tal que la cuestión Malvinas exceda el interés nacional argentino y sea un asunto colectivo de política continental.

Sin duda que el camino será largo y su recorrido fatigoso, pero no debe ser esto suficiente para que cejemos en el empeño de ver flamear el pabellón nacional en unas Islas Malvinas integradas al continente y al servicio de los intereses de toda Sudamérica.

(*) director del Instituto de Derecho Internacional del Colegio de la Abogacía de Entre Ríos.

 

Una oportunidad que  debe ser aprovechada

Desde que se selló la salida del Reino Unido de la Unión Europea se sabía que podía tener repercusiones para las Islas Malvinas. De hecho, el acuerdo comercial entre las partes excluye los llamados Territorios de Ultramar. Eso implica que los productos procedentes de las Malvinas que ingresen a la Unión Europea tendrán que pagar aranceles.

Se trata de una cuestión delicada para la economía de las Islas ya que depende en gran medida de las exportaciones pesqueras, y el 90% se destinan a Europa.

Por cierto, también afecta a España, ya que varias empresas españolas han hecho “joint ventures” con las islas y el puerto de Vigo es el principal ingreso al territorio comunitario.

En las Malvinas esperan preservar el statu quo. “Lo que pedimos es increíblemente simple: sólo queremos seguir siendo capaces de comerciar de una manera que nos beneficie y que beneficie a la Unión Europea”, explicó Teslyn Barkman, miembro de la Asamblea Legislativa de Malvinas desde 2017.

Antes de ingresar a la política, Barkman fue periodista de Penguin News. “Nuestros calamares son de primera calidad y se exportan a la UE: se disfrutan en Italia, en Francia y en muchos lugares”, explicó, al insistir en que “queremos que se mantengan estas oportunidades”.

El Brexit afectó severamente la economía de las Islas Malvinas.

En 1982, las Malvinas fueron el escenario de una guerra. El régimen militar argentino fue derrotado por el ejército británico cuando intentaba recuperar la soberanía del territorio.

Aunque todos los países de la UE apoyaron una resolución de la ONU para la descolonización de las Islas, durante la guerra mostraron su apoyo al Reino Unido, ya que formaba parte del bloque.

Ahora, los expertos creen que la salida del Reino Unido de la UE podría propiciar un cambio y reforzar la posición de Argentina.

En ese sentido, el presidente del Instituto para las Relaciones entre Europa, América Latina y el Caribe, Christian Ghymers, señaló que “la Unión Europea tendrá que debatir sobre este tema, lo cual no significa necesariamente que habrá una posición común”. Al confirmar que “el tema no se debatió durante las negociaciones del Brexit”, dijo saber que “algunos países son favorables a Argentina; por ejemplo, Italia, España, Portugal, Suecia, Austria y Grecia”.

 

 

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