Take a fresh look at your lifestyle.

El desafío complejo de transitar el duelo

Uno de los aspectos cuya relevancia quedó visible en la pandemia fue el vinculado a las despedidas de los fallecidos, dado que no fueron posibles los velatorios por cuestiones sanitarias. En la entrevista que sigue se explora en ese terreno -que muchas veces se evita- vinculado a la necesidad de elaborar las pérdidas.

 

Valeria Robin / [email protected]

Todos sabemos que el fenómeno de la muerte es la contracara de la vida; sin embargo muchas veces sin darnos cuenta, la relación que tenemos con las pérdidas es mucho más frágil que todas las ideas que sostenemos en torno a la existencia.

No se trata de un dilema abstracto o racional. Para muchas personas no poder elaborar un duelo, una pérdida, les significa un quiebre o una fuerte afectación en su situación emocional y en sus proyectos de vida.
La Fundación Aikén es una de las voces que procura humanizar nuestras ideas respecto de la muerte y de los rituales que la abordan. Al proponerle una entrevista a su fundadora  y referente Aldana Di Costanzo, el desafío compartido consistió en entender mejor las vicisitudes del desenlace final para afrontar la vida con otro talante. Lo que sigue es una síntesis de lo conversado.

Aldana Di Costanzo es fundadora y referente de la Fundación Aikén.

–¿Cómo impacta esta comprobación de un factor que enferma y mata (COVID 19) que se presenta como ingobernable y que puede atacar tanto a personas enfermas como a personas sanas?

Hay algo que el Covid 19 nos genera a todos: la incertidumbre, por el hecho de que ataca tanto a gente enferma como sana, es decir personas con enfermedades previas y también a las que gozaban de buena salud. Por supuesto la intensidad del impacto en la vida cotidiana de cada individuo va a depender de características de la personalidad y de factores contextuales, como el estilo de vida, la situación laboral, económica, y el tipo de vínculos. Por todas estas cosas, si hay algo que provoca esta etapa que estamos transitando es la incertidumbre, ya que se alteraron nuestros sistemas de referencia habituales.

Entonces, el impacto que va teniendo depende de los contextos personales, familiares y sociales. Lo que está claro es que afecta muchísimo a la salud mental de la población, lo estamos viviendo en primera persona la mayoría de nosotros. A este panorama hay que agregarle las consecuencias físicas para los que padecen el Covid.

ADVERSIDADES.

–¿Qué complicaciones puntuales generaron las restricciones por la emergencia sanitaria en la escenificación de los rituales de despedida?

–Las complicaciones que generaron las restricciones tienen que ver más que nada con los procesos internos de despedida.

La ausencia o dificultad para el reconocimiento del cuerpo puede ser una marca importante para la persona en duelo. Muchas veces se generan dudas y preguntas en relación con la imposibilidad de corroborar si el ser querido es quien está dentro del ataúd.

Hay que insistir en la importancia que tienen los rituales, porque marcan y puntúan un momento en la vida y en los ciclos de las personas, tanto los rituales sociales como los rituales personales. La ida al cementerio, que en su momento también estuvo restringida, fue una pérdida más para aquellas personas para las cuales esto es muy importante y tuvieron que buscar rituales alternativos para tener su momento de conexión con el ser querido fallecido.

Lo mismo le pudo haber pasado a las personas que quisieron hacer una misa para honrar al ser querido y no pudieron. Son variables que confluyen a la hora de experimentar la elaboración saludable del duelo.

–¿De qué modo se puede resolver?

–Fuimos imaginando distintas estrategias; en ese sentido las tecnologías de la comunicación interpersonal facilitaron la tarea. Surgió así la posibilidad de hacer rituales a través de videoconferencias en los que pudieron compartir el momento con otros, comunicar saludos, palabras, recuerdos y fotos. Estos recursos buscaron reemplazar los encuentros de cercanía en la sala velatoria.

En ese sentido rescato la creatividad y predisposición tanto de las familias que acudieron a la fundación como de los profesionales que acompañaron de cerca cada proceso.

Por ejemplo, se les propuso y fue bien recibido por las familias, que construyan con imágenes, fotos, y pertenencias de la persona fallecida un rincón de evocación: una especie de altar. Esto funcionó muy bien más allá de la existencia o no de creencias religiosas por parte delas familias.

ABORDAJES.

–¿Las formas de abordaje que debieron implementar por la pandemia son similares a las que estaban aplicando?

–En Fundación Aikén tenemos distintos programas y debimos modificarlos de un día para otro, porque todo lo que veníamos haciendo hasta entonces era de forma presencial, exceptuando las orientaciones telefónicas en momentos de crisis. Este contacto telefónico es una posibilidad con la que cuentan las familias que necesitan orientación o contención en el momento en el que se produce un fallecimiento: por lo general no saben cómo manejarse con los niños, cómo comunicarle la noticia o si llevarlo al velatorio o no.

Las demás líneas de trabajo han sido siempre presenciales, por ejemplo la atención individual, y los grupos terapéuticos. Es por eso que tuvimos que transformar la metodología de trabajo para poder realizarlo de forma virtual. Fue un desafío para todos; en principio para los terapeutas que tuvimos que aggiornarnos con lo tecnológico, y también las familias que muchas veces no contaban con dispositivos, y otras no sabían cómo se usaban.

Las formas de abordaje fueron similares: mantuvimos el mismo grupo terapéutico, la misma cantidad de personas, los mismos coordinadores.

A pesar de los esfuerzos, hubo intervenciones que no pudieron reconvertirse en lo virtual, por ejemplo aprovechar una sala especialmente adaptada para que, quienes lo necesiten, puedan hacer allí una descarga emocional a través del cuerpo, de una manera cuidada. Eso no tiene correspondencia en la virtualidad.

ELABORAR.

–¿De qué maneras las personas asumen las pérdidas?

–Los modos de abordar los duelos y las pérdidas tienen que ver con muchos factores. Algunos autores los llaman “mediadores del duelo”.

–¿Por?

–Porque una pérdida va a depender de variables ajustadas a cada personalidad y cada contexto. Por ejemplo hay que tener en cuenta quién es el que murió, qué vínculo tenía con la persona, qué momento atravesaba el vínculo: interpela de distintas maneras si las personas estaban peleadas y no se hablaban desde hace años o si eran muy cercanas. Estas variables influyen a la hora de afrontar el duelo. De igual forma si hubo pérdidas anteriores; y por supuesto influyen las creencias religiosas, la filosofía de vida y la estructura psíquica.

También el tipo de muerte: no es lo mismo alguien que muere después de una enfermedad larga, que alguien que fallece repentinamente o una víctima de homicidio o un suicidio. Muchas veces si hay cuestiones judiciales en el medio se puede postergar la entrega del cuerpo y ese también es un factor a tener en cuenta a la hora de acompañar y ver el recorrido de esa persona.

–¿El tema se aborda de la misma manera cuando la pérdida es de un niño, un joven, un adulto o adulto mayor?

–No se aborda de la misma manera porque en cada etapa de la vida hay particularidades; de hecho la manera de pensar la vida y la muerte pueden ser distintas según la edad. En cuanto a los niños hay que tener en cuenta su edad, el nivel de comprensión intelectual, emocional y qué concepto de muerte tiene. Por otro lado los adultos, luego de una muerte cercana, se enfrentan más frecuentemente con la idea de su propia muerte; y eso es necesario abordarlo y darle lugar. En definitiva, en cada etapa hay que prestar atención a ciertas y determinadas particularidades.

En nuestra sociedad el tema de la muerte en general incomoda y por eso trata de evitarse, pero es fundamental incluirlo como parte de la vida.

En el caso de los niños, suele ocurrir que los adultos eviten nombrar a la persona fallecida pensando que minimizan el dolor. Lo más indicado es que los adultos compartan sus estados de ánimo y de esta manera habiliten a los niños a que se expresen.

CONTEXTOS

–¿Y las formas importan?

–Desde luego. No es raro que guiados por creencias religiosas o en el intento de “suavizar” el impacto de la muerte, los adultos les digan a los niños que el ser querido se fue, que está en el cielo, de viaje, evitando así nombrar la palabra muerte. Cada uno le puede agregar el simbolismo religioso o ideológico que quiera, pero en el enunciado “murió” siempre tienen que estar presente. Recordemos que, dependiendo de la edad del chico, lo metafórico o poético puede ser más confuso e inquietante.

Incluso, es recomendable que se les consulte a los niños si quieren ir al velatorio y, si la decisión es ir, hay que describirles el escenario con el que se van a encontrar: ellos deben saber, por ejemplo, cómo estará el cuerpo del familiar y que posiblemente, habrá mucha gente llorando y otros detalles importantes que se deben tener en cuenta a la hora de proponérselo al niño.

–Cada caso es singular…

…Y a la vez hay algo que es para todos igual: la importancia de la escucha, de los silencios, del saber sostener, el no juzgar, de generar espacios y tiempos en donde haya contención, esto a nivel profesional pero también desde la comunidad, la familia, los amigos, más allá de la edad hay algo que en general nos cuesta como sociedad y es poder hablar del tema, y habilitar el espacio para hacerlo.

Un profesional de la salud especialista en duelo tiene más entrenadas estas habilidades, pero muchas veces como amigo o familiar esquivamos el tema, incluso sabiendo que la persona en duelo necesita compartir y ser escuchada. No importa la etapa de la vida que esté atravesando.

NIÑOS Y VELORIOS.

–¿Es conveniente llevar a los más chicos a los velorios?

–Los cambios que se han dado tienen que ver con la evolución de la humanidad en general; esos cambios también se ven reflejados en los rituales, que son una forma más de relacionarnos y expresarnos.

Un ejemplo claro de algunos cambios que se fueron dando, es en relación a los niños y su asistencia a velatorios. Recordemos que hace años la gente velaba a sus muertos dentro de sus hogares; y allí estaban los niños. Jugaban, se acercaban, reían, quizás lloraban….eran parte y estaban incluidos en esa escena de despedida.

Actualmente la duda sobre si llevar a un niño al velatorio o no, es algo frecuente en los padres cuando atraviesan una muerte en el contexto familiar. Existen muchos mitos y limitaciones en torno a este tema, y en muchas ocasiones no se lleva a los niños, por miedo, desconocimiento o simplemente porque no sabemos cómo incluirlos.

Si bien es recomendable llevar a los niños a los velatorios, es fundamental preguntarles si desean ir. Si queremos que este momento transcurra de manera saludable y contenida existen varios aspectos a tener en cuenta para explicar y comunicar al niño previo a que asistan al velatorio.

La asistencia de los niños en los velatorios es un tema que genera muchas dudas en los padres.

Una formación en el horizonte

Con la denominación Primeras Jornadas Argentinas sobre Duelo 2021, la Fundación Aikén está organizando para el 18 y 19 de marzo una instancia de formación e intercambio abierta a especialistas y público en general, que podrá seguirse de manera online con inscripción previa.
Por consultas, comunicarse al correo: [email protected] com

La consulta a Aldana Di Costanzo pretendió conocer destalles de la iniciativa.

–¿Qué expectativas tienen en relación a las jornadas?

–Las expectativas son grandes. El encuentro se va a producir después de más de un año de estar organizándolas, de que hayan sido inicialmente presenciales, y que hayamos tenido que modificar todo por cuestiones sanitarias. Será un espacio de intercambio entre instituciones y profesionales que trabajamos en la temática del duelo para compartir experiencias, saberes y técnicas.

Es importante que nos unamos porque no somos tantos los que trabajamos en esto, pero al mismo tiempo somos más de lo que imaginamos. Profesionalizar la atención en duelo y tener en cuenta muchas cuestiones que hacen a la salud mental es vital, y en ese camino estamos.

Van a ser las primeras jornadas argentinas sobre duelo y esperamos que haya muchas otras. Nos parece importante visibilizar el tema, si bien está orientada a profesionales de salud mental, docentes, empresas y personal que trabaja en recursos humanos y el rubro fúnebre está abierto a la comunidad. Hay personas que se están inscribiendo sencillamente porque es un tema que nos toca a todos.

Si bien las actividades tendrán un perfil académico y profesional la idea es que sea accesible a todos, es por eso que usaremos un lenguaje accesible a todos y no demasiado técnico.

Las jornadas tienen el objetivo de difundir la temática y poner sobre la mesa el tema de la muerte en pos de la vida como una experiencia natural y universal desde la que es más fácil proyectar luego la propia vida, cuidar los vínculos, el entorno y a uno mismo.

En primera persona

Aldana Di Costanzo, licenciada en Psicología, especializada en duelo. En el 2008 fundé Aiken, la primera y única Fundación de Argentina y alrededores dedicada al acompañamiento psicológico para la niñez, la adolescencia y la familia en duelo a cargo de profesionales de la salud mental. Soy directora del curso de posgrado sobre duelo en la Universidad Isalud de Argentina y docente en formaciones sobre duelo en España. Trabajé en el Ministerio de Salud de la Nación como consultora para proyectos enfocados en la disminución de la mortalidad materno infantil. Soy miembro de la red Ashoka, organismo internacional que nuclea líderes emprendedores sociales innovadores de todo el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

Los comentarios están cerrados.