La biblioteca le queda chica a tantos anhelos de porvenir

La biblioteca popular “Mario Domingo Carruego” de Maciá está llena de historias fantásticas, pero una es absolutamente singular: una docente y una bibliotecaria soplaron sobre las cenizas y, con el tiempo, luminosa y candente, la institución crepita a tal punto que necesita un nuevo lugar desde donde seguir proyectando una acción cultural digna de mérito.

REDACCIÓN EL DIARIO / [email protected]

En medio de una saga de refundaciones varias, propias de toda institución centenaria, en 2005 nadie dudó en Maciá que la Biblioteca Popular debía llamarse “Martín Domingo Carruego”, un reconocido investigador y divulgador de los orígenes de esa localidad del departamento Tala y de la región circundante.

Carruego pertenecía a la clase de personas que, si fuera por la buena gente, no moriría jamás porque sus aportes son invalorables: sencillo en el andar y en el vivir, conversador amable, caminador del pueblo y de las historias familiares, fue consiguiendo datos del poblado mientras ejercía de buen vecino. Con paciencia y dedicación, fue haciendo con cada relato, con una y otra precisión, con esta y aquella referencia, a partir de documentos y testimonios, una telaraña desde la cual es posible constituir una historia de Maciá, una comunidad de charrúas y alemanes del Volga, españoles e italianos, cuya fecha de fundación coincide con la inauguración del ramal ferroviario que lo atraviesa.

Pero los cimientos se plantaron en 1920. Por iniciativa de un maestro, Luciano Montiel Maciel y un grupo de vecinos, se constituyó la primera institución socio-cultural de Maciá, la Biblioteca Popular “Manuel Belgrano”. Las actuales presidenta y vicepresidenta de la comisión directiva, Mabel Brutti y Susana Becher respectivamente, asumen la responsabilidad de hilvanar una larga cronología en la que fechas y sucesos considerados clave marcan de la mano. Ellas aseguran que los objetivos pensados un siglo atrás mantienen su vigencia: fomentar la educación y cultura en todos sus aspectos mediante la difusión y lectura de libros; canalizar las inquietudes de orden social y cultural de los vecinos de Maciá sin distinción de sexo, raza, religión y nacionalidad; organizar charlas, debates y ponencias de temas relacionados con la educación y capacitación de los jóvenes y colaborar con organizaciones locales, provinciales y nacionales para la ejecución mancomunada de proyectos vinculados a la educación y capacitación.

Una serie de disposiciones nacionales y provinciales, de finales del siglo pasado y comienzos del actual, fueron empujando a la biblioteca a regularizar el papeleo, lo que no suele ser sencillo en entidades sin fines de lucro, que se sostienen como pueden, donde los voluntarios nunca alcanzan para todos los frentes que se necesitan cubrir y, entonces, se va resolviendo priorizar el carácter principal de la institución (atender a los lectores) en desmedro de aspectos más administrativos. Así, desde 2005, la biblioteca que “desde siempre funciona en un pequeño salón del Club Belgrano” pasó a llamarse “Mario Domingo Carruego”, previa consulta y votación ampliamente participativa.

 

AUTONOMÍA

No es fácil llegar hasta Maciá. La sensación es que está como alejada del entorno próximo y descentrada de la trama vial. De hecho los 28 kilómetros que le separan de la cabecera departamental (Rosario del Tala) prácticamente se duplican si hay que desandar la distancia por caminos asfaltados. Tal vez esa condición los haya empujado a los maciaences a sobreponerse a distintas dificultades, a arremangarse, organizarse y hacer las cosas por las suyas, sin estar esperando que de afuera llegue alguna solución.

Por cierto, a lo largo de la trayectoria de la Biblioteca, hubo períodos en los que lamentablemente estuvo cerrada. Hasta que, en julio de 2014, un grupo de personas interesadas en rescatar el valiosísimo material bibliográfico allí existente, en serio peligro de deterioro, decidió hablar con la persona que estuvo como presidenta de la última comisión para proponerle la reapertura.

Al frente de la iniciativa estuvieron la docente e investigadora literaria Evangelina Franzot y la bibliotecaria Susana Becher, que trabajaban en el colegio José M. Paz. Fueron vanos los esfuerzos para que alguna de las dos quisiera brindar detalles de su participación en lo que a todas luces fue una experiencia similar a la del filme Cinema Paradiso, aunque no se proyectaran películas aquí sino historias, relatos y personajes en la pantalla más potente que existe: la de la imaginación.

Pero, como en todo pueblo, las cosas se saben y las cuentas las fotos: libros valiosos en la vereda tomando aire y sol, esperando ser tratados contra el paso del tiempo y la humedad; casas vecinas que cobijaron durante meses parvas de volúmenes mientras se arreglaban los problemas de humedad y filtraciones; jóvenes de todas las edades que destinaron su tiempo libre para rasquetear estantes y mesas, antes de pintarlos; vecinos que al ver de nuevo movimiento acercaron -sin que nadie se los pida- libros que les quedaron sin devolver de la etapa anterior, con la ficha de cartón .

Fue Brutti la que, ante una consulta, contó que “ellas convocaron a jóvenes estudiantes que ayudaron en la limpieza de libros, muebles; el municipio colaboró arreglando y pintando las paredes; y paralelamente se iniciaron los trámites para poner en vigencia la Personería Jurídica Nº3373, Resolución (DIPJ) Nº321, según los Estatutos Sociales del 25 de agosto de 2005”.

 

TRAMITACIONES

Dando un paso administrativo detrás de otro, se llegó en noviembre de 2015 a la realización de la Asamblea General Ordinaria en la que se presentaron los Balances correspondientes y se eligió la Comisión Directiva.

“La Biblioteca está bajo la protección de la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares), Registro Nº0401, y de la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares de Entre Ríos Nº57”, le dijeron a EL DIARIO las directivas entrevistadas. Este hecho le ha permitido acceder a subsidios y recibir libros.

“Hasta la fecha, además del préstamo y adquisición de libros, se han desarrollado numerosas obras, como la refacción de la sala, la adquisición de mobiliario y elementos tecnológicos, con fondos obtenidos a través de la presentación de proyectos en CONABIP, subsidios de la provincia y cuotas de socios”, repasaron, no sin acotar que “también se han organizado presentaciones de libros, conciertos, exposiciones, talleres, clases de apoyo, programas de radio y audiovisuales”. Todas esas experiencias han ido generando un sentido de pertenencia vigoroso que convierte el modesto local en un luminoso punto de encuentro.

Ante otra inquietud, respondieron que “contamos con variedad de usuarios, de todas las edades, y sin bien no es el número que nos gustaría, para una población como la nuestra consideramos que es importante”. En ese sentido, contaron que “los jóvenes se acercan en su mayoría por razones escolares, pero más de uno se ha entusiasmado con textos literarios que luego solicitan en préstamo”. Fue entonces cuando precisaron que “en Maciá hay profesorados, el de Primaria, Inicial y de Literatura, los estudiantes recurren al material de la biblioteca, realizan pasantías o prácticas con los mismos, aunque muchos niños han ido con sus docentes y han regresado con algún familiar a buscar libros”.

Todo a pulmón, es el lema no escrito de la Biblioteca Popular de Maciá.

–¿A qué creen que se debe esto?

–Sin duda esto ha sido gracias al trabajo de numerosas personas que, como colaboradoras, atendieron y atienden la biblioteca, participan y generan actividades diversas, que la convierten en un importante espacio cultural, educativo, social para la ciudad de Maciá. Los integrantes de las diferentes Comisiones Directivas destacan ese rol tan solidario de muchos habitantes maciaenses, que generosamente brindan su tiempo para que permanezca abierta. Además de la permanente adhesión de socios que aportan su cuota.

Lo que viene

–¿La cultura digital significa un desafío?

–La biblioteca está integrada al Plan de Inclusión Digital de la CONABIP. El mismo provee de hardware y conectividad, y la implementación del sistema DIGIBePé, un software de gestión bibliotecaria, que permite la administración del catálogo, los socios, estadísticas, entre otros. Estamos en la etapa de carga de la colección. El proyecto para más adelante es contar con fondos y colecciones digitales.

Los secundarios de ayer, hoy son colaboradores destacados.

Este 20 de junio llegamos al centenario, las expectativas son muchas. El futuro se presenta como un gran desafío, la biblioteca está quedando chica, hay muchos proyectos que no se pueden concretar por falta de espacio, por lo tanto es un anhelo lograr ampliarla o construir un nuevo edificio.

–De acuerdo a la experiencia de ustedes, ¿qué papel cumplen las instituciones como esta?

–Las bibliotecas son un espacio de encuentro entre la gente. El reto de estos tiempos es encontrar nuevas formas, o estrategias para que, sobre todo niños y jóvenes primero se acerquen, y luego encuentren, se interesen por diferentes lecturas. Se trata también de generar múltiples actividades culturales, educativas, que en algún momento llevarán a leer. Un lugar de inclusión, que brinde a las personas herramientas para satisfacer sus necesidades de información, recreación, conocimiento.

El corazón es grande; la casa, requiere más espacio para seguir incorporando propuestas.

El espíritu es y será siempre el mismo, de puertas abiertas a todos, un lugar que ofrece variados materiales de lectura, acceso a recursos tecnológicos, actividades educativas y culturales, en definitiva, un espacio para adquirir herramientas que nos ayuden a desarrollar personas críticas, libres, identificadas con su comunidad, dentro de la cual la biblioteca cumple un importante rol.

 

 

 

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