Lisandro Arbizu, ex capitán de Los Pumas: «Para llegar, hay que soñar y accionar»

El ex capitán de Los Pumas, Lisandro Arbizu, dialogó con EL DIARIO desde Francia, donde se encuentra radicado. El otrora centro, dio su punto de vista sobre el rugby argentino actual, habló del seleccionado nacional y dio cuenta de su parecer desde el aspecto mental del juego.

Gabriel Baldi | [email protected]

Su presencia en el rugby argentino no pasó desapercibida bajo ningún punto de vista. A los 18 años debutó en Los Pumas y a los 21, se convirtió en el capitán más joven de la historia. Fue parte del seleccionado nacional desde 1990 a 2005, disputó tres mundiales y registró 87 caps.

No obstante, más allá de sus grandiosas estadísticas y respetable presencia, se ganó un lugar preponderante en la historia de la Unión Argentina de Rugby por su carisma y fundamentalmente por su liderazgo en una época difícil, de transición.

En diálogo con EL DIARIO, el ex centro surgido en el Belgrano Athletic que se retirara de la actividad a los 40 años tras competir profesionalmente en los certámenes de Francia, Italia y España, abordó diversos temas inherentes al rugby actual, al representativo dirigido por Mario Ledesma y a su visión sobre el deporte. La tecnología acerca, pese a la distancia y desde Bordeaux, donde reside, no dejó tela por cortar.

“Me tocó la posibilidad de llegar a Los Pumas en una época muy difícil, en un período de muchos cambios en el seleccionado nacional y nunca paré, excepto por lesiones. Fueron muchos años y muchas cosas atravesadas en el camino. Buenas y malas, pero de todo me llevé un aprendizaje, que es lo más importante”, indicó en el inicio del diálogo.

-¿Seguís observando los partidos de Los Pumas? ¿Qué análisis hacés sobre el presente del seleccionado nacional?
-Si, por supuesto. Cada vez que puedo veo a Los Pumas o a Jaguares. La última referencia que me quedó del seleccionado, fue la del pasado Mundial y la verdad no es la mejor. Fue una decepción. No solamente por no pasar una etapa y de llegar lo más lejos posible, sino por no haber logrado desarrollar un juego como lo venían haciendo antes y sobre todo con Jaguares en el Súper Rugby, ya que son los mismos jugadores. Me quedé triste por el juego que ví.
Lógicamente, se puede analizar lo que fue la temporada, sumamente extensa. Pero el rugby, el deporte y la vida es así. Hay victorias y derrotas. No obstante la autocrítica es clave y ahora, es tiempo de apostar a lo que viene. Veo que al menos de parte del staff, están organizando todo, fundamentalmente el aspecto mental, para encarar lo que esté por venir.

-Después de tu etapa de jugador, nunca más te vinculaste con la UAR. ¿Te hubiera gustado trabajar profesionalmente en algún cuerpo técnico argentino?
-La verdad que nunca se me pasó por la cabeza. La realidad también es que desde que dejé de jugar al día de hoy, el rugby cambió mucho y hay que estudiar una enormidad, más allá de lo que me apasiona. Pero al dejar la actividad, empecé a llevar adelante distintos proyectos personales que tenía pendiente. Empecé a desarrollar una vida “menos nómade” en algún sentido y me instalé en un mismo lugar, para disfrutar más de mi familia, de mis dos hijas.
De todas maneras, no descartaría la posibilidad de trabajar para la UAR si algún día me llega la chance, aunque la realidad es que nunca tuve ningún ofrecimiento y yo tampoco lo fui a buscar.
Hoy en día, busco acercarme al rugby de distintos modos, como con los Rugby Surf Camp que impulso. Se tratan de clínicas de surf apuntando al rugby, ya que considero que tienen muchos aspectos en común, como la lectura (del mar), atacar los espacios (la ola), la rotación de caderas, hombros y demás. Es una combinación muy rica. Intento transmitir el rugby desde ahí, de manera física y como más me gusta, desde lo mental, buscando ayudar a los demás, para que se den cuenta del poder personal que llevan dentro.

-Desde muy chico fuiste el líder que respaldó tanto a jugadores más grandes como a los que venían surgiendo. ¿Cuál fue la naturaleza del liderazgo que tuviste a lo largo de tu carrera?
-Es una buena pregunta, porque la verdad, no lo había pensado. No vengo de una familia de deportistas, así que puedo decir que fueron encuentros conmigo mismo y con el destino, que así lo quiso.
Aitor Otaño (hijo) fue un amigo de toda la vida, quien me invitó a sumarme al rugby, a entrenar y desde ahí, nunca más dejé. Fueron cosas de la vida. Quien lo hubiese pensado. Muchas veces no nos damos cuenta de las cosas de las que somos capaces de hacer por no salir de nuestra zona de confort. Con el rugby, me di cuenta que tenía un potencial para jugar y encarar el rol de líder. En Los Pumas, a mí me tocó afrontar un período de pura transición, de una estructura amateur a profesional. Hoy en día ya no existe prácticamente la posibilidad que a los 18 años te puedas sumar a Los Pumas, porque hay otros seleccionados previos. Fui aprendiendo todo en el camino. Con menos formación y comodidades como las que hay hoy en día, creo que llegamos lejos.

-Considerando el buen pasar que tienen actualmente las estructuras de la Unión Argentina de Rugby y dado tu énfasis en el aspecto mental, ¿te parece que hoy en día falta algún desarrollo superador desde lo psíquico?
-Creo que hoy en día hay muchas comodidades. Es verdad. Quizás hay demasiado confort, pero no está mal, siempre y cuando sea bien utilizado y sirva, pero no hay que aburguesarse. Entonces hay que medir esas comodidades y volver a las fuentes de la esencia del rugby, del esfuerzo, el trabajo en equipo, el desarrollo personal y colectivo y por ahí, no está mal que se presenten adversidades para que también se aprenda. Considero siempre, que hay que tener un equilibrio entre el confort y el sufrimiento.
A lo largo de la historia de Los Pumas hubo claros ejemplos de esto, con gestas enormes, logradas con un miedo bien entendido que sirvió para desafiar lo imposible.
En lo personal, las lesiones me sirvieron para sentar cabeza, levantarme y seguir. Se trata de vivir el duelo de la adversidad. Hay que transitarlo. Y, a medida que va pasando el tiempo, van surgiendo respuestas a esos interrogantes. Esos momentos nos llevan a una evolución, tanto como persona como desde la faz de jugador.

-Tanto en la vida como en el deporte, se habla mucho de “llegar”. ¿Qué es llegar?
-No quiero ser marketinero al ahondar en el tema, pero creo que es soñar constantemente, sin olvidarse de las raíces. El sueño viene con trabajo y acción. El sueño por sí solo, no sirve de nada. Es lindo, nos hace ilusionar, pero sin acción, no tiene sentido. Para alcanzar ese sueño hay que asumir un objetivo, ser constante y equilibrado. Ser apasionado. Tener día a día muchas ganas. Para llegar, hay que soñar y accionar. No hay que temerle a las derrotas, porque una psicología positiva se construye después de las caídas, que es de donde más se aprende. Bienvenidos todos esos momentos duros, para superarlos y llegar.

Actualmente, Arbizu trabaja en una consultora en recursos humanos y su misión, es acompañar a empresas en todo lo referido al management, leadership y desarrollo individual de las personas.

En algún punto, mucho de lo adquirido en el deporte de sus amores, lo aplica a diario en la faz laboral. Dicen, que el rugby es algo de todos los días y él, lo desarrolla cotidianamente, aunque hoy no tenga ningún cargo profesional en ningún club ni seleccionado.

“Porta fue el mejor de todos”

Al ser interrogado sobre quién fue el mejor jugador de la historia del rugby argentino, Lisandro Arbizú no dudó en referirse a Hugo Porta. “Porta fue el mejor de todos. Un indiscutido, desde el lugar en que se lo mire”, señaló

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